jueves, 30 de junio de 2016

RAYITOS DE VIDA...

Con unas gotitas de rocío
se va refrescando la rosa del Alba

al hechizo de hidratarse tus labios
al encuentro de los míos.

Y son rayitos de vida
y son rayitos de sol dichoso

con ecos que al alma anuncia
un placer inmenso,

así que comienza el día
entre  el silencio,
con placidez y armonía.

Pero los ojos de esos labios
van guardando en su mente
secretos, quizá ambiciosos,

en  no despertar perpetuando su existencia
aun con sus paisajes confusos.

En ofrecérsele ríos con aguas dulces
que pasan por sus orillas,
 bien  le brindan lucrativa transparencia

más  la virginal frescura,
queda desierta  acaso en la imprudencia
de una gran arboleda que no valora.

Y entre ansias y discreción
buscando va en su interior

una mano amiga que nunca domine su libertad
ni lo dirija a la frondosa pradera exterior


quedando en su sombra
el secreto de su sentir interior.


                                                 Pilar Novales

martes, 28 de junio de 2016

LA INTELIGENCIA DE MI CABALLO

La casa  de los  abuelitos   era   magnífica,  una  dehesa   extensa   donde, aparte de vivienda equipada y decorada a la antigua usanza, conservaba  todo cuanto hubo en  la tradición de los antepasados seres queridos.

Había establos para el ganado lanar, seguido el de vacuno y como muy principal el más apartado, el cobertizo o cuadra para la caballeriza.

El abuelito, y siguiendo la tradición  de su padre, mi bisabuelo,  era gran domador de caballos.

Tenía ese arte, esa predisposición de su gran fuerza que con el tiempo era  gratificante  porque  el  caballo es  dócil por  naturaleza y en saber educarlos,  mucho depende de un buen entrenador como era mi abuelo.

Domar caballos –decía él-  atiende siempre en hacerse amigo del animal, un caballo tiene su personalidad incluso en afectos ya que pronto confía en  el  domador.  

Y agradecido cuando  se le  acaricia  la cara, le instruye con delicadeza y bien se ha de entender que no hay dos caballos guales.

La enseñanza ha de ser a paso lento, sin corridas, dando confianza y seguridad al caballo –seguía explicando con gran entusiasmo-.

Siempre reconociendo,  valorando la calma y seguridad de la enseñanza y la reacción que puede  hacer cada caballo.

En conocer  bien al caballo, el jamelgo,  cuando va  también conociendo  a su dueño e instructor, va tomando confianza y nunca se le debe castigar físicamente, ni aún con brusquedad  ni mucho menos latigazos.

Siempre al pasear, enseñándole en ir a la par del domador para que no se pueda poner en peligro su salud física ni mental.

Yo, andaba siempre pendiente de estas explicaciones de mi abuelito y de la reacción de los caballos que aún seguía habiendo en la finca.

Lo que yo no entendía bien que a los caballos, también se les premiara con dulces, con algunos caramelos cuando iban de “paso” al ritmo y al  mismo  tiempo de ir paseando.

Normas y aprendizajes fijos entendiendo que cada caballo, como cada ser humano, es diferente.

Yo aprendí del abuelito, como hacía él, a pasar mi mano con suavidad por la cara de un caballo negro y otro blanco, era espectacular con los arrumacos que respondía al cariño de nuestras manos

y la palabra ¡SOOO! como disciplina, manteniéndose tranquilo, sin ansiedad como un reconocido  agradecimiento a la ternura dada.

Cuando al blanco lo montaba mi hermana o yo, era increíble el suave y alegre trote que emprendía por la pradera de los alrededores de la finca.

Nosotros  le hicimos un manto que con un par de claveles en su linda cabellera, retozaba como cuando juega el viento enamorando el momento lleno de aplausos a su galopar.

Tantos sentimientos desarrolló aquel bendito caballo que cuando alguno de sus seres queridos levemente enfermaba,  Justino, que así se le bautizó,

cruzaba el huerto acercándose a la puerta de entrada y pegado a la ventana donde daba la habitación de cada uno de nosotros, siempre sabía cuál era el dormitorio del que estaba enfermo.

Un día comenzó de pronto un viento frío y lluvioso, oscureciéndose rápidamente el cielo, dormida la luna,  sin luz ni estrellas en ningún lugar.
Mi hermana pequeña de cinco años que había salido buscando flores al campo, se extravió sin saber dónde encontrarla.

El caballo junto a nosotros, la familia y conversando afligidos como a una persona adulta, hizo ademán de subir  sobre él y en ponerse sobre su lomo mi abuelito y mi padre, comenzó Justino a galope encendiéndose  el cielo con un montón de estrellas y el Sol de primavera dejando de llover.

Nuestro querido caballo blanco  de bello pelaje, fue al lugar dónde mi hermana yacía herida en una pierna, se había desprendido con el viento de la gran tormenta, un árbol quedando preso su pie de fina seda infantil.

Volvieron los tres bien abrazados sobre la montura del caballo y al llegar a casa  felices y  ya curando el doloroso daño de mi querida hermana,  bien lamió Justino su delicada pierna dándole besicos fiel y cariñosamente.

Volvió la oscuridad y la tormenta, como nunca se había conocido en aquellos lugares.

Aquél  caballo con blanca melena y talento de vidente, bien merecía los aplausos  de un  poema y de aquellos caramelos con que le premiaba mi abuelito.

A NUESTRO CABALLO JUSTINO

No se hizo en ti mi querido Justino,
sentir el miedo al apagarse el Sol
y dormirse la Luna.

Llamaste con ansia precisa
a montones de estrellas
y ellas con prisa,

despertaron al Sol
salvando   la vida de un corazón.

Y tú qué contento, y tú qué feliz
volviste al trote desde aquel camino  sinuoso
con una estrella niña y dos luceros
que en tus lomos montaron

siendo feliz epopeya.
Familiar, fiel amigo  de quien te quiere

y agradecido respondes con cariño
con tus ojos de ternura, donaire e inteligencia
igualito a ser un satisfecho niño.

Quedando grabada tu  digna historia
en este increible avance
del mérito de tu trayectoria

que más bien quiso escribir mi pluma
al atino de un poema

que por ser sublime, audaz y hermoso
vas quedando como inmejorable amigo
en la nobleza de tu estirpe 

como el ser más  garboso.

                                                                                Mª Pilar Novales




lunes, 27 de junio de 2016

SI HAY HAY ROSAS

Si hay rosas
es por haber claveles

invadiendo  espacios
de sentimientos y dulzores.

El jardín de la vida
ofrece en amistades,

con calidad y sabores
de ciertos méritos
y muchos valores.

En el espacio tiempo
siempre hay una luz de encuentro.

Esa luz, más cercana o lejana,
queda grabada en el interior,

donde cada ser,
en su empatía energética,

ya nunca se va del sentimiento,
provocando un misterioso amanecer.

Y un día recordará la rosa o el clavel
que aquel Amor que creció

en la vida de dos seres,
nunca se desvaneció.


Como dos caballos que se aman
porque palpitó su corazón,

porque también tienen alma,
un sentir y una razón.                                  

                                                      Mª Pilar Novales

sábado, 25 de junio de 2016

POR SI ALGUIEN ENTIENDE A LEONCIO

Leoncio, tú, siempre has sido inmejorable pensando más de una vez en levantar el ala de tu pajarito soñador sin nunca llegar a la decisión de elevar aquel  necesario vuelo.

Eras siempre tímido por naturaleza, en cierto modo te sentías un poquito el alma herida y el corazón también.

Buscando un apaño a tu soledad para que alguien te pudiera querer, un hombro acogedor que te brindara frescor a tu imaginación  y en invierno algún calor.

Escudriñabas  cita con  las muchas estrellas bajo el oscuro cielo de la noche, encendiendo tu mirada buscando una respuesta para tu mente.

Siempre hallabas la misma réplica del bálsamo maternal que te había dado tu madre. Y seguías dándote a los demás como una obligación de sentimientos sin pensar en ti.

Aquellas semillas, células del paisaje  de tus genes no las podías perder, eran el reino de tu ser aún con el brillo de tu sentir inocente de la fuente heredada del querer materno.

Pero bajo las estrellas brillaba también tu mirada con el lazo feliz de hijo único de una familia feliz.

Ahora tu vida había dado un giro impresionante. Cuidaste a tus padres quedando tu querida  madre como valor  en tu vida con su inmovilidad y avanzada edad.

Diste tanto cariño que el  desenlace de tanta unión maternal, desde dos años atrás, ha dejado un vació y una huella indecible en tu ser de inocente cariño entre la comprensión de no entender tu soledad.

En tu latir hacia las estrellas te estás haciendo poeta porque quieres salir del tiempo del dolor y sabes que la poesía puede saciar huecos de soledad cambiando tu filosofía de la vida.

Pero aún sigues mirando la luna buscando una estrella lírica que demuestre la tranquilidad de tu ser querido que no es otra cosa que la seguridad de la esencia de tu dignidad.

                                                                     María Pilar Novbales

Y BIEN BUSCO MIS ALAS

Envidia le tengo al agua
cuando te encuentro sentada
en la orillita del río
que con un libro y una rosa,
vas leyendo entusiasta
de entre sus hojas la prosa.

Y veo tus ojos como estrellas
despistando su mirada
entusiasta  y cristalina
tan cerquita de la orilla.


Refugio de mis sueños,
alegría de mis días
donde yo me adueño
con tu sentir de melodías.

Y quiero soñar que tú eres
como una sonrisa mía
asiéndome a esa rosa perfumada
para toda la vida mía.

Y sigo bajo el manto de la vida
a veces con una lágrima
que enturbia mi mirada
entre maldad y honestidad,


entre tristezas y aplausos
escondiendo mi Amor su libertad

marchando encadenada mi alma

sin apenas poderte saludar,
viéndote con otro hombre va mi desencanto
ahogándose  mi sentir y mi orgullo
entre tu belleza y tus encantos.

Y miro al cielo sabiendo
que no te podré  besar
y bien busco mis alas
para a otro mundo volar.


                                                         María Pilar Novales

viernes, 24 de junio de 2016

EN EL SILENCIO

Silencio que quedas conmigo
encerr
ándome en tu torre de marfil
y permites entrar en m
í
saciando el espacio de mi sed.

Esa agua milagrosa que se bebe
absorbiendo la libertad de la noche
en el pensamiento entusiasta
de la Musa de la inspiraci
ón con su derroche,

Silencio que me ofreces  Castalia
fuente que sigue manando
en el Monte Parnaso

donde las Musas, bellas soñadoras,
puede saciar la inspiraci
ón
del dulzor de las palabras,
gestadas en poes
ía o en loas
de su propia oraci
ón.

Agudeza de la virtud gratificante
que a veces el cielo env
ía
hacia la recompensa del destinopalpitante
atuendo  fecundo de un poeta.

Silencio que pones mil pensamientos
con adjetivos del sentir de los apegos
con distinguido lenguaje po
ético.

Lírica entre metáfora que se precisa
rimando con  sue
ños ocultos.
Y pasan la cuatro estaciones en ti, Silencio,
como pasarela de suave brisa.

¿Cómo será, dicen ser que  la frenología
divide el cerebro en capacidades
de atuendos expectantes de inteligencia?

¿Y será que el poeta
entra en esta divisi
ón
con un apartado especial
de ternura, sensibilidad 
 y gracejo corazón?
                                                 María Pilar Novales




jueves, 23 de junio de 2016

UNA NOCHE DE FIESTA

Recordando los viejos tiempos de las eternas noches de encuentros de familiares y amigos…

Noche de luz y misterio, noche de luna con su risa de primavera alumbrando los ojos de esperanza, de cariño, de entusiasmo, de gloria y la música del viejo piano…

Ya nuestros huesos no están tan flexibles pero los bailes con vestidos largos y zapatos de juvenil entusiasmo al atino ferviente de bailar nuestros pies, hace flotar en el aire la música y las voces de eterna jovialidad.

¡Qué feliz encuentro de quien resistimos con entusiasmo la curva de la gratificante edad palpitante!

¡Oh, noche sin dolor con la fresca rosa en nuestros labios, con su aroma y su color levantando el espíritu, levantando el gozo  con el ardiente sentir del jardín de la caricia.

 ¿Y quién puede decir que el Amor no tiene edad sino  quién lo   prueba y de su gozo  tiene la espuma del frenesí,  la exaltación del arrebato, la furia del coraje de sentir saciando el alma de besos?


De esos sueños no se puede apear, siempre llevan batalla de nubes que corren tras los poetas en el corazón de sus ojos risueños.

                                                      
rpisc                                                      Pilar Novales